Hace poco más de un mes asistí a un ciclo de conferencias que versaban sobre las tendencias pedagógicas de América Latina a finales del siglo XX, en ella se abordaron diversos puntos entre ellos la influencia de la globalización y el neoliberalismo en las políticas educativas de América Latina y por ende en nuestro país México. Entre los comentarios realizados por una de las ponentes hubo uno que desato fuertemente la polémica y exalto los ánimos de los asistentes; la ponente hizo mención de como la dependencia de nuestro sistema educativo de organizaciones internacionales, nos lleva a copiar modelos extranjeros y a tomar medidas que muy poco benefician a la ciudadanía y citó particularmente el caso de los niños y jóvenes con Necesidades Educativas Especiales integrados en las escuelas regulares, ella mencionó como lo que “el gobierno” pretende es ahorrar presupuesto cerrando instituciones destinadas a su atención y mandando a estos alumnos a las escuelas regulares, donde los maestros no están capacitados para atender a este tipo de alumnos; como ya lo mencioné los ánimos se encendieron y uno de los asistentes se dirigió a la ponente y le pregunto cuál seria entonces, a su parecer la mejor alternativa para atender a estos alumnos, la respuesta de la ponente fue algo así como que había que brindarles la atención que necesitan o que merecen y en seguida se dio paso a otra temática, pero ¿acaso de verdad sabemos nosotros que necesitan y que merecen estos alumnos?
Este episodio lo he visto repetirse una y otra vez durante ya cinco años en todas y cada una de las escuelas a las que asistí como maestra de aprendizaje y posteriormente directora de una USAER(Unidad de Servicios de Apoyo a la Escuela Regular) al tratar de explicar a los profesores, directivos y autoridades de las escuelas el fenómeno de la “Integración Educativa”, sus razones implicaciones y consecuencias, esto nunca fue fácil, porque aunado a la natural resistencia que existe a los cambios y reformas en cualquiera de los niveles educativos, aquí había que romper además con una barrera cultural fuertemente arraigada transitar de la discapacidad(más entendido como incapacidad) y los problemas de aprendizaje a las Necesidades Educativas Especiales, no sólo por los profesores de educación regular y la sociedad en general, sino por los mismos implicados en la educación especial en los distintos niveles(desde autoridades educativas, hasta maestros y especialistas de apoyo a la Educación Especial)
Este cambio obedeció a una reforma curricular a la Educación Especial, que se denomina Integración Educativa esta reforma se gestaba desde mediados de los noventas pero sólo como un proyecto de innovación e investigación; posteriormente surge el Programa Nacional de Fortalecimiento de la educación especial y de la Integración educativa presentado el 23 de septiembre de 2002este programa contempla la participación de magisterio, padres de familia y autoridades de manera conjunta.
La integración educativa en esencia propone que todos los niños con alguna discapacidad se eduquen en aulas regulares.
El movimiento tiene su raíz filosófica en el principio de "normalización" surgido en los países bajos y que en esencia pugna por la utilización de "medios educativos que le permitan a la persona adquirir o mantener comportamientos y características lo más cercanos a la normatividad general". En otras palabras, educar en condiciones lo más cercanas a la "normalidad".
Por otro lado, el movimiento de integración también tiene una raíz histórica anclada en la controversia entre institucionalizar y desinstitucionalizar a la persona con alguna discapacidad. El reconocimiento de las desventajas de mantener a la persona en instituciones separadas de la comunidad, condujo a la búsqueda de alternativas que estrecharan los vínculos entre la educación y el acceso a los beneficios que disfruta la mayoría de los individuos de una comunidad dada.
Un concepto relacionado es el de inclusión, mejor denominado "inclusión total", el cual se refiere a que el educando permanezca en el aula regular durante todas las oportunidades de instrucción. Esto contrasta con otra posibilidad que se denomina "continuo de servicios" o "cascada de Deno", que tiene que ver con la posibilidad de que coexistan diversas modalidades instruccionales (salón de recursos, maestro itinerante, apoyo extraescolar, etcétera) y no sólo la de inclusión total.
Esta situación provocó un shock tremendo tanto en los docentes de educación regular como en los de educación especial, tuvimos que transitar de un modelo asistencial al terapéutico a uno educativo; además, el movimiento de integración parte del supuesto de que la educación especial deja de ser un subsistema independiente y se asume como un apoyo directo a la educación básica. En consecuencia, desaparecen los territorios independientes de la educación regular y de la educación especial, así como las funciones separadas de los docentes involucrados. La práctica de canalizar al niño a servicios de educación especial deja de ser la opción para el maestro de aula. Por otro lado la práctica terapéutica independiente de las exigencias curriculares también deja de ser la opción para los maestros de apoyo.
Todo esto nos ha creado un sin numero de situaciones que van desde los malos entendidos entre profesores, luchas de autoridad y de egos, problemas técnicos, deficiencias a la hora de la operatización, conflictos con la comunidad entre muchas otras, tan varadas como casos atendidos.
Hoy, ante todos estos elementos mencionados, yo comentaría tanto con aquel compañero que preguntó como habría que atender a los alumnos con Necesidades Educativas Especiales, como con la ponente y con todos mis compañeros dedicados a la educación que:
Dentro del modelo de atención que hoy se propone para los alumnos con N.E.E. la integración no siempre es la mejor alternativa para todos los niños. El criterio final consiste en determinar cuáles opciones de instrucción representan las mejores oportunidades para cada niño.
Y aún cuando existe una normatividad establecida para definir esto, el papel de los docentes (de grupo regular y de apoyo) es central, puesto que son los actores que están más directamente en contacto con las necesidades del niño y con las características de su entorno (educativo y social). En consecuencia, es necesario que profundicen en las bondades de la integración, pero también que realicen una reflexión profunda acerca de sus limitaciones. Efectivamente, no debe adjudicársele a la integración el carácter de solución óptima o única. Sin embargo, dadas las experiencias negativas con otros modelos que han segregado a las personas con N.E.E., me parece que las iniciativas de integración merecen la oportunidad de ser probadas.
En estricto sentido, las ventajas o desventajas de la inclusión total dependen de la disponibilidad de recursos (físicos, humanos y técnicos) por parte de la institución escolar que la implanta. Esto implica desde los recursos para modificar la estructura física de la escuela: rampas barandales, mobiliario, auxiliares; La cantidad de alumnos por grupo(que casi nunca esta en manos de la propia institución) y la apertura del cuerpo docente para asumir el cambio con todo lo que implica, incluidas capacitaciones y en algunos casos trabajo extra.
Este episodio lo he visto repetirse una y otra vez durante ya cinco años en todas y cada una de las escuelas a las que asistí como maestra de aprendizaje y posteriormente directora de una USAER(Unidad de Servicios de Apoyo a la Escuela Regular) al tratar de explicar a los profesores, directivos y autoridades de las escuelas el fenómeno de la “Integración Educativa”, sus razones implicaciones y consecuencias, esto nunca fue fácil, porque aunado a la natural resistencia que existe a los cambios y reformas en cualquiera de los niveles educativos, aquí había que romper además con una barrera cultural fuertemente arraigada transitar de la discapacidad(más entendido como incapacidad) y los problemas de aprendizaje a las Necesidades Educativas Especiales, no sólo por los profesores de educación regular y la sociedad en general, sino por los mismos implicados en la educación especial en los distintos niveles(desde autoridades educativas, hasta maestros y especialistas de apoyo a la Educación Especial)
Este cambio obedeció a una reforma curricular a la Educación Especial, que se denomina Integración Educativa esta reforma se gestaba desde mediados de los noventas pero sólo como un proyecto de innovación e investigación; posteriormente surge el Programa Nacional de Fortalecimiento de la educación especial y de la Integración educativa presentado el 23 de septiembre de 2002este programa contempla la participación de magisterio, padres de familia y autoridades de manera conjunta.
La integración educativa en esencia propone que todos los niños con alguna discapacidad se eduquen en aulas regulares.
El movimiento tiene su raíz filosófica en el principio de "normalización" surgido en los países bajos y que en esencia pugna por la utilización de "medios educativos que le permitan a la persona adquirir o mantener comportamientos y características lo más cercanos a la normatividad general". En otras palabras, educar en condiciones lo más cercanas a la "normalidad".
Por otro lado, el movimiento de integración también tiene una raíz histórica anclada en la controversia entre institucionalizar y desinstitucionalizar a la persona con alguna discapacidad. El reconocimiento de las desventajas de mantener a la persona en instituciones separadas de la comunidad, condujo a la búsqueda de alternativas que estrecharan los vínculos entre la educación y el acceso a los beneficios que disfruta la mayoría de los individuos de una comunidad dada.
Un concepto relacionado es el de inclusión, mejor denominado "inclusión total", el cual se refiere a que el educando permanezca en el aula regular durante todas las oportunidades de instrucción. Esto contrasta con otra posibilidad que se denomina "continuo de servicios" o "cascada de Deno", que tiene que ver con la posibilidad de que coexistan diversas modalidades instruccionales (salón de recursos, maestro itinerante, apoyo extraescolar, etcétera) y no sólo la de inclusión total.
Esta situación provocó un shock tremendo tanto en los docentes de educación regular como en los de educación especial, tuvimos que transitar de un modelo asistencial al terapéutico a uno educativo; además, el movimiento de integración parte del supuesto de que la educación especial deja de ser un subsistema independiente y se asume como un apoyo directo a la educación básica. En consecuencia, desaparecen los territorios independientes de la educación regular y de la educación especial, así como las funciones separadas de los docentes involucrados. La práctica de canalizar al niño a servicios de educación especial deja de ser la opción para el maestro de aula. Por otro lado la práctica terapéutica independiente de las exigencias curriculares también deja de ser la opción para los maestros de apoyo.
Todo esto nos ha creado un sin numero de situaciones que van desde los malos entendidos entre profesores, luchas de autoridad y de egos, problemas técnicos, deficiencias a la hora de la operatización, conflictos con la comunidad entre muchas otras, tan varadas como casos atendidos.
Hoy, ante todos estos elementos mencionados, yo comentaría tanto con aquel compañero que preguntó como habría que atender a los alumnos con Necesidades Educativas Especiales, como con la ponente y con todos mis compañeros dedicados a la educación que:
Dentro del modelo de atención que hoy se propone para los alumnos con N.E.E. la integración no siempre es la mejor alternativa para todos los niños. El criterio final consiste en determinar cuáles opciones de instrucción representan las mejores oportunidades para cada niño.
Y aún cuando existe una normatividad establecida para definir esto, el papel de los docentes (de grupo regular y de apoyo) es central, puesto que son los actores que están más directamente en contacto con las necesidades del niño y con las características de su entorno (educativo y social). En consecuencia, es necesario que profundicen en las bondades de la integración, pero también que realicen una reflexión profunda acerca de sus limitaciones. Efectivamente, no debe adjudicársele a la integración el carácter de solución óptima o única. Sin embargo, dadas las experiencias negativas con otros modelos que han segregado a las personas con N.E.E., me parece que las iniciativas de integración merecen la oportunidad de ser probadas.
En estricto sentido, las ventajas o desventajas de la inclusión total dependen de la disponibilidad de recursos (físicos, humanos y técnicos) por parte de la institución escolar que la implanta. Esto implica desde los recursos para modificar la estructura física de la escuela: rampas barandales, mobiliario, auxiliares; La cantidad de alumnos por grupo(que casi nunca esta en manos de la propia institución) y la apertura del cuerpo docente para asumir el cambio con todo lo que implica, incluidas capacitaciones y en algunos casos trabajo extra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario