Los profesores están acostumbrados a escuchar que su trabajo no es en verdad una profesión, esto se debe a que cumple con las características que otras profesiones requieren para ser reconocidos como tal; de alguna manera esto a perjudicado al colectivo docente que ve menospreciada su labor por esta visión obsoleta y determinista. Por esta razón al abordar el concepto de profesión se hará desde una visión alternativa, donde una profesión es vista como un proceso, alejándonos del sentido tradicional y estático con el que se ha abordado en otras ocasiones.
Cuando el colectivo docente asuma una cultura profesional propia, avanzará tanto social como educativamente, de ahí la necesidad de abordar el concepto de profesión desde un punto de vista social, dinámico, complejo y multidimensional.
El profesionalismo implica una referencia a una determinada organización del trabajo dentro del sistema educativo y la dinámica externa e interna del mercado de trabajo, es decir que para ser profesionales deberemos dominar una serie de capacidades y habilidades que nos haga competentes en nuestro trabajo, lo que nos dará la oportunidad de competir en el mercado laboral y al mismo tiempo nos permite pertenecer a un gremio coordinado y sujeto a algún tipo de control.
Algunos estudios sobre la profesionalización docente han sido criticados por su execiva localidad, pero las críticas proceden de estudios basados en un modelo de rasgos que establece en forma rígida y determinista las características de las profesiones.
Otro aspecto duramente criticado, ha sido el abuso del concepto de profesionalismo de enseñanza que la ha convertido en una “paulatina tecnificación de la enseñanza como sinónimo de incremento de profesionalismo”(Apple, 1986).
Sykes(1992) argumenta el hecho de que si se creara en las escuela una cultura profesional de colaboración e implicación en la mejora colectiva del aprendizaje, se avanzaría enormemente en la educación.
Para realizar el análisis de una profesión es necesario estudiar sus orígenes, evolución modelos y organizaciones en un contexto y tiempo determinado, por lo que no puede considerarse al termino profesión como neutro o científico, sino que es producto de un marco social, cultural e ideológico, que indudablemente influirá en la práctica laboral.
Heinz-Elmar Tenorth(1988) introduce a este análisis dos conceptos: semiprofesionalización, que implica a grupos profesionales que no cumplen con todas las características(otra vez visto desde un modelo de rasgos) y desprofesionalización que es el proceso de degradación por instancia externas.
Una persona dedicada a la profesión docente en ningún momento puede ser considerado como un técnico únicamente, ya que su labor implica comunicación e intercambio, aspectos donde el nivel madurativo de la persona es también muy importante; no se puede obviar que muchos de los problemas de los centros educativos, tienen su origen en el desajuste de maduración y equilibrio de las personas que componen el colectivo profesional y no tanto en la carencia de conocimientos pedagógicos.
En la declaración mundial de la educación (Tailandia, 1990) al respecto se dice que: el progreso de la educación depende en gran medida de la formación y competencia del profesorado, pero también de las cualidades humanas, pedagógicas y profesionales de cada educador.
Sin duda, la conceptualización de profesionalismo es inherente al rol social determinado que se asigna al profesorado, no es lo mismo percibir al profesor como trabajador (obrero), artesano, artista, que como profesional de la educación.
El proceso de profesionalización aporta mejoras al colectivo(prestigio, remuneración, etc.) y es visto como una garantía de respuesta eficaz a la confianza publica, pero puede también interpretarse como una demanda técnica únicamente, por lo que la profesionalización debe ofrecer espacios de reflexión individual y colectiva sobre las condiciones de la actividad laboral y en busca de la mejora de los productos de trabajo, los procesos y los individuos.
Cuando el colectivo docente asuma una cultura profesional propia, avanzará tanto social como educativamente, de ahí la necesidad de abordar el concepto de profesión desde un punto de vista social, dinámico, complejo y multidimensional.
El profesionalismo implica una referencia a una determinada organización del trabajo dentro del sistema educativo y la dinámica externa e interna del mercado de trabajo, es decir que para ser profesionales deberemos dominar una serie de capacidades y habilidades que nos haga competentes en nuestro trabajo, lo que nos dará la oportunidad de competir en el mercado laboral y al mismo tiempo nos permite pertenecer a un gremio coordinado y sujeto a algún tipo de control.
Algunos estudios sobre la profesionalización docente han sido criticados por su execiva localidad, pero las críticas proceden de estudios basados en un modelo de rasgos que establece en forma rígida y determinista las características de las profesiones.
Otro aspecto duramente criticado, ha sido el abuso del concepto de profesionalismo de enseñanza que la ha convertido en una “paulatina tecnificación de la enseñanza como sinónimo de incremento de profesionalismo”(Apple, 1986).
Sykes(1992) argumenta el hecho de que si se creara en las escuela una cultura profesional de colaboración e implicación en la mejora colectiva del aprendizaje, se avanzaría enormemente en la educación.
Para realizar el análisis de una profesión es necesario estudiar sus orígenes, evolución modelos y organizaciones en un contexto y tiempo determinado, por lo que no puede considerarse al termino profesión como neutro o científico, sino que es producto de un marco social, cultural e ideológico, que indudablemente influirá en la práctica laboral.
Heinz-Elmar Tenorth(1988) introduce a este análisis dos conceptos: semiprofesionalización, que implica a grupos profesionales que no cumplen con todas las características(otra vez visto desde un modelo de rasgos) y desprofesionalización que es el proceso de degradación por instancia externas.
Una persona dedicada a la profesión docente en ningún momento puede ser considerado como un técnico únicamente, ya que su labor implica comunicación e intercambio, aspectos donde el nivel madurativo de la persona es también muy importante; no se puede obviar que muchos de los problemas de los centros educativos, tienen su origen en el desajuste de maduración y equilibrio de las personas que componen el colectivo profesional y no tanto en la carencia de conocimientos pedagógicos.
En la declaración mundial de la educación (Tailandia, 1990) al respecto se dice que: el progreso de la educación depende en gran medida de la formación y competencia del profesorado, pero también de las cualidades humanas, pedagógicas y profesionales de cada educador.
Sin duda, la conceptualización de profesionalismo es inherente al rol social determinado que se asigna al profesorado, no es lo mismo percibir al profesor como trabajador (obrero), artesano, artista, que como profesional de la educación.
El proceso de profesionalización aporta mejoras al colectivo(prestigio, remuneración, etc.) y es visto como una garantía de respuesta eficaz a la confianza publica, pero puede también interpretarse como una demanda técnica únicamente, por lo que la profesionalización debe ofrecer espacios de reflexión individual y colectiva sobre las condiciones de la actividad laboral y en busca de la mejora de los productos de trabajo, los procesos y los individuos.
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